Alicia en el país de las maravillas

Alicia en el país de las maravillas es la obra más famosa del escritor inglés Lewis Carroll, un polifacético diácono anglicano, lógico, matemático y fotógrafo, cuyas actividades y conocimientos dejarán su impronta en el cuento. Hoy en día se considera un clásico de la literatura universal, habiéndose realizado numerosas adaptaciones al cine, la televisión, el cómic y la animación. Relata la historia de una niña llamada Alicia y su viaje en un mundo imaginario y fantástico con animales y objetos antropomórficos. 

La novela, además de los diferentes relatos con personajes fantasiosos, mezcla contenidos oníricos, localismos, caricaturas sociales y juegos lingüísticos y lógicos; un despliegue de imaginación y creatividad, pocas veces visto con anterioridad, donde se mezcla fantasía y realidad, que ha influido en numerosos literatos, músicos, cineastas y científicos.

Hoy en día Alicia y los distintos personajes que intervienen en el cuento son ampliamente conocidos a nivel popular. Una lectura imprescindible tanto para jóvenes como para adultos.

Características del libro:

Información adicional

Isbn:

978-84-18145-05-6

Nº de Páginas:

128 páginas

Dimensiones:

12 x 19 cm

Formato Portada:

Rústica

"Es un libro mucho más profundo de lo que parece, detrás de un aparente libro infantil-juvenil, encontramos reflexiones filosóficas interesantísimas que hacen que esta obra sea una maravilla para todos los públicos." — Edgardo Mielles

Lee un Avance de este libro

Si no conoces las bases, los cimientos, que hacen que este libro sea una obra maestra del género, te animamos a que empieces a leer el avance que te hemos preparado en la página virtual de abajo. Haz scroll. Ahí encontrarás un breve prólogo que te dará algunas pinceladas sobre lo que vas a descubrir a lo largo del libro, al tiempo que va a reactivar en ti el interés por esta magnífica pieza.

A continuación, podrás disfrutar de los primeros capítulos, para que así, de primera mano, te des cuenta de la dimensión de la obra que vas a comenzar.

¡FELIZ LECTURA!

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 Prólogo 

Alicia en el País de las Maravillas, publicada en 1865, es la obra más famosa del escritor inglés Lewis Carroll (1832-1898), seudónimo de Charles Lutwidge Dodgson, un polifacético diácono anglicano, lógico, matemático y fotógrafo, actividades que dejarán su impronta en el relato. Hoy en día se considera un clásico de la literatura universal, habiéndose realizado numerosas adaptaciones al cine, la televisión, el cómic y la animación.

Alicia en el País de las Maravillas es un cuento infantil de 12 capítulos que relata la historia de una niña llamada Alicia y su viaje en un mundo imaginario y fantástico con animales y objetos antropomórficos. Está en discusión si incluirlo en el género de la literatura del nonsense, sinsentido, o de la literatura fantástica y de hadas. El movimiento del surrealismo la consideró como literatura surrealista. De hecho, las primeras críticas literarias se enfocaron en el análisis freudiano del viaje al subconsciente.

Este libro está escrito en tercera persona y relata la historia de la protagonista, Alicia, cuando esta entra en la madriguera de un conejo blanco fuera de lo común que estaba persiguiendo. Cae por un túnel hacia el centro de la Tierra y, en un cuarto sin salida aparente, come, bebe, se encoge y se agiganta para luego viajar por sus propias lágrimas hasta el mundo de las maravillas.

La estructura del libro se compone con un relato independiente por cada capítulo. Alicia vive una aventura con cada personaje (el conejo blanco, el gato de Cheshire, la oruga azul, el sombrero loco, la liebre de marzo, el lirón, la reina de corazones, etc.), definiéndose el hilo de esta narración consecutiva. Estos encuentros, junto con los cambios físicos que continúa sufriendo, alteran a Alicia psicológicamente, constituyendo el verdadero motor de la acción de la historia. El libro, además de los diferentes relatos con personajes fantasiosos, mezcla contenidos oníricos, localismos, caricaturas sociales y juegos lingüísticos y lógicos.

Alicia en el País de las Maravillas ha sido considerada una obra importante porque ha tenido una influencia social, psicológica y matemática por la forma en que son tratados los temas en cada capítulo, estando llena de alusiones a la educación y las costumbres de su época; de hecho, la mayoría de sus personajes son un reflejo de la sociedad victoriana de la Inglaterra del siglo XIX, intentando Lewis Carroll crear una crítica social a través de la caricaturización. Mezcla fantasía y realidad, y ha influido en literatos, músicos, cineastas y científicos. Hoy en día Alicia y los distintos personajes que intervienen en la historia son ampliamente conocidos a nivel popular. Una lectura imprescindible tanto para niños, como para adultos.

—Juan José Marcos

 

«Si tú conocieses el tiempo como lo conozco yo, no hablarías de perderlo —dijo el sombrerero—. ¡El tiempo es todo un personaje!»

Alicia en el País de las Maravillas


 Capítulo I 

EN LA MADRIGUERA DEL CONEJO

Alicia comenzaba a hartarse de estar sentada con su hermana allí a la orilla del río sin nada que hacer. Había echado de vez en cuando un vistazo al libro que estaba leyendo su hermana, pero no tenía ilustraciones ni diálogos.

—¿Para qué servirá un libro sin dibujos ni diálogos? —se preguntó Alicia.

Estaba dándole vueltas a la cabeza (cosa que le costaba un poco porque el calor de ese día la tenía amodorrada y torpe) si para lograr el placer de trenzar una guirnalda con margaritas valdría la pena tener que levantarse y recoger las flores, cuando, de pronto, brincó junto a ella un conejo blanco con grandes ojos rosados.

Aquello no tenía nada de extraordinario ni tampoco le pareció raro a Alicia oír cómo el conejo decía:

—¡Dios mío, Dios mío, qué tarde se me está haciendo!

Cuando después pensó en aquello, decidió que debería haberse sorprendido mucho, pero en aquel momento le pareció la cosa más natural del mundo. Sin embargo, fue entonces cuando el conejo se sacó del bolsillo del chaleco un reloj, lo consultó y salió corriendo, Alicia se incorporó de un brinco, pues comprendió entonces que jamás en su vida había visto a un conejo llevando chaleco y menos aún con reloj. Así pues, muerta de curiosidad, corrió tras el animalito por la pradera y llegó a tiempo de ver cómo se metía en una madriguera cuya boca se abría bajo un seto. Unos instantes después, Alicia también se metió en la madriguera sin pararse a pensar cómo se apañaría para salir de allí.

La madriguera se extendía al principio en línea recta, como un túnel, luego, de improviso, dio un brusco giro hacia abajo, un giro tan brusco que Alicia ni siquiera pudo pensar en detenerse y pronto se vio cayendo por un pozo cuyas paredes parecían muy profundas.

O bien el pozo era realmente hondo, o bien ella caía muy despacio, pues mientras iba descendiendo, Alicia tuvo tiempo de sobra para echar un vistazo a su alrededor y preguntarse qué ocurriría luego. Primero, trató de mirar abajo y ver adónde llegaría, pero estaba demasiado oscuro para ver nada. Luego miró a los lados del pozo y descubrió que estaban llenas de alacenas y estanterías. Aquí y allá había mapas y cuadros colgados de ganchos. Agarró un tarro de un estante al pasar por delante; tenía una etiqueta que rezaba: «Mermelada de naranja». Sin embargo, para su decepción, vio que estaba vacío. Pese a ello, no quiso soltar el tarro por si mataba a alguien, de modo que se las arregló para colocarlo de nuevo en una de las alacenas al pasar por delante de ella.

—¡Bueno! —pensó Alicia mientras continuaba cayendo—. ¡Después de una caída como esta, rodar escaleras abajo me parecerá una tontería! ¡En casa me considerarán una valiente! ¡Caramba, no abriría el pico aunque me cayese desde el mismo tejado de mi casa! —cosa que era muy cierta.

Continuó bajando sin cesar. ¿Es que jamás terminaría aquella caída?

—Me pregunto cuántas millas habré caído ya a estas alturas —dijo en voz alta—. Debo estar muy cerca del centro de la Tierra. A ver, creo que está a unas cuatro mil millas de profundidad…

Veréis que Alicia había aprendido algunas cosas de este tipo en el colegio, si bien no era el mejor momento para presumir de sus conocimientos, pues allí no había nadie que pudiese escucharla, pero pensó que repetir aquello sería una buena manera de repasarlo.

—Sí, esta debe ser la distancia… pero me pregunto a qué latitud o longitud habré llegado. —Alicia no tenía ni idea de qué eran la latitud ni la longitud, pero pensó que serían unas bonitas palabras. Enseguida continuó sus cavilaciones—: ¡Me pregunto si no caeré a través de toda la Tierra y saldré por el otro lado! ¡Sería gracioso salir entre esas personas que caminan cabeza abajo! Los antipáticos… creo que se llaman —Alicia se alegró entonces de que nadie la hubiese escuchado, pues aquella palabra no terminaba de sonarle muy bien—. Entonces tendré que preguntar cómo se llama el país. “Perdone, señora, ¿estamos en Nueva Zelanda o en Australia?”

Mientras decía esto, probó a hacer una reverencia. ¿Creéis que es posible hacer reverencias mientras uno va cayendo por el aire?

—¡Menuda niña ignorante que voy a parecer! No, lo mejor será que no pregunte nada. Ya lo veré escrito en algún sitio.

Abajo, abajo, abajo. No había nada que hacer y Alicia se puso a hablar de nuevo.

—¡Creo que Dinah me echará mucho de menos esta noche! —Dinah era su gata—. Espero que se acuerden de ponerle su plato de leche a la hora del té. ¡Cuánto me gustaría tenerte aquí abajo conmigo, Dinah, preciosa! En el aire no hay ratones, es verdad, pero podrías cazar murciélagos. Ya sabes que se parecen mucho a los ratones. Claro que me pregunto si los gatos comerán murciélagos.

Aquí Alicia comenzó a amodorrarse y siguió hablando como en sueños.

—¿Comerán murciélagos los gatos? o ¿comerán gatos los murciélagos?

No sabía responder a ninguna de las dos preguntas ni tampoco importaba demasiado cuál de las dos se plantease. Estaba durmiéndose y comenzó a soñar que paseaba con Dinah de la manita y le preguntaba muy seriamente:

—Veamos, Dinah, dime la verdad, ¿te has comido algún murciélago? —Y de pronto, ¡plof! Su cuerpo cayó estrepitosamente sobre un montón de hojas secas y se terminó la caída.

Alicia no se hizo ningún daño, y se puso en pie de un salto. Miro arriba, pero todo estaba muy oscuro. Ante ella había otro largo pasadizo y pudo ver al fondo al conejo alejarse por él. No había tiempo que perder. Alicia no dudó y se apresuró como el viento a tiempo de oírle decir al doblar una esquina:

—¡Oh, por mis orejas y mis bigotes, se me está haciendo tardísimo!

Alicia le pisaba los talones, pero cuando dobló la esquina no vio al conejo por ningún sitio, y se encontró en una sala larga y de techo bajo iluminada por una fila de lámparas colgadas del techo.

Había puertas alrededor de toda la sala, pero todas con el cerrojo echado, y cuando Alicia hubo dado la vuelta por uno y otro lado, tratando de abrir todas las puertas, caminó con tristeza al centro de la sala preguntándose cómo lograría salir.

De pronto se topó con una mesita de tres patas, toda ella de vidrio. No había nada sobre ella excepto una llavecita dorada. Lo primero que pensó Alicia es que debía encajar en alguna de las cerraduras de la sala. ¡Pero las cerraduras eran demasiado grandes o la llave muy pequeña! Así pues, no pudo abrir ninguna puerta. Sin embargo, al dar una segunda vuelta, vio una cortinita que le había pasado antes desapercibida. Detrás había una puertecita de unos cuarenta centímetros de altura. Probó entonces la llave dorada en la cerradura y para gran alegría suya, ¡encajaba!

Alicia abrió la puerta y descubrió que daba a un pasadizo pequeño, no mayor que una ratonera. Se arrodilló y vio que al otro lado del pasadizo se extendía el jardín más maravilloso que se pueda uno imaginar. ¡Cuánto le apetecía salir de aquella sala oscura y pasear entre aquellos macizos de brillantes flores y entre aquellas fuentes frescas! Sin embargo, no le cabía siquiera la cabeza por el hueco de la puerta.

—Y aunque pudiese meter la cabeza —se dijo la pobre Alicia—, no me serviría de mucho sin los hombros. ¡Cómo me gustaría poder encogerme como un telescopio! Creo que podría si supiese por dónde empezar—. Y es que, ya veis, habían pasado tantas cosas extraordinarias últimamente que Alicia había comenzado a pensar que pocas cosas eran realmente imposibles.

 

FIN DE LAS PRIMERAS PÁGINAS…

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Si no conoces las bases, los cimientos, que hacen que este libro sea una obra maestra del género, te animamos a que empieces a leer el avance que te hemos preparado en la página virtual de al lado. Haz scroll. Ahí encontrarás un breve prólogo que te dará algunas pinceladas sobre lo que vas a descubrir a lo largo del libro, al tiempo que va a reactivar en ti el interés por esta magnífica pieza.

A continuación, podrás disfrutar de los primeros capítulos, para que así, de primera mano, te des cuenta de la dimensión de la obra que vas a comenzar.

¡FELIZ LECTURA!

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Una metáfora sibre nuestra propia vida. Una historia que nos hace renunciar a la apatía y nos empuja a la aventura de vivir desde la inocencia y el entusiasmo.

Helena Sánchez

Es entretenido, mejor que la peli.

Juana de Perú

Es un libro mucho más profundo de lo que parece, detrás de un aparente libro infantil-juvenil, encontramos reflexiones filosóficas interesantísimas que hacen que esta obra sea una maravilla para todos los públicos.

Edgardo Mielles

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